El actor y productor argentino volvió al país para actuar en la comedia «Berlín, Berlín», en el Teatro Apolo. En diálogo con LA NACION, repasa su carrera, su vida en Colombia y las razones de su regreso.
Hace 27 años, luego de divorciarse, Andrés Vicente decidió cambiar de aires y se fue a México durante cuatro años y luego a Colombia, donde vive actualmente y dirige una productora de contenidos. Pero hace unos meses recaló otra vez en nuestro país, para ser parte de Berlín, Berlín, la comedia que puede verse de miércoles a domingos en el Teatro Apolo.
En diálogo con LA NACION, el actor habló sobre las ganas de hacer teatro en la avenida Corrientes, sobre la decisión de irse del país y sobre qué extraña de la Argentina. Además, recordó algunos de los programas en los que estuvo, entre ellos Aquí llegan los Manfredi, Los Benvenuto y Cebollitas.
Antes de esta vuelta, Vicente había estado haciendo una temporada breve en teatro con una obra que produjo y protagonizó, 30º Aniversario. “Vine un año antes de la pandemia, porque tenía muchas ganas de hacer una producción independiente. Estuvimos dos meses, porque yo no podía quedarme más. Desde el punto de vista artístico fue bárbaro, y desde el punto de vista económico fue un desastre (risas). Sabía que no era una cuestión de inversión económica y que no iba a ganar plata con eso”, detalló.
Consultado sobre su regreso al teatro, explicó: “Había hablado con Gustavo Yankelevich, con quien seguimos en contacto en todos estos años, aunque yo no he estado en la Argentina. Le dije que tenía ganas de hacer teatro. Económicamente estoy bien, porque tengo una pequeña productora en Bogotá con la que generamos contenidos para la televisión pública americana. Tengo un socio con el que no tengo problemas, me puedo tomar un tiempo muy largo, y quería volver al escenario. Al año me llamó y me dijo que tenía un personaje chiquito en Berlín, Berlín. Le respondí que me servía y acá estoy”.
Vicente también se refirió a su experiencia en el exterior: “A veces fue duro, porque nadie te cuenta las cosas negativas, que existen y son muchas. Viviendo afuera te sentís un extranjero en todos lados, allá y acá. Pero me quedé porque se fueron dando las oportunidades. Y me acostumbré a ser extranjero. Adaptarte a otro país lleva dos años, según mi experiencia. Aunque se habla la misma lengua, la idiosincrasia es otra, y la cultura también”.
En cuanto a lo que extraña de la Argentina, señaló: “Los olores. Buenos Aires tiene olor al perfume de los árboles y cuando llego, lo reconozco”.
