El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) organizó el seminario internacional ‘Envejecer y crecer: transformando los cambios demográficos en oportunidades’, donde especialistas advirtieron que la caída de la población en edad de trabajar a partir de 2026 requerirá aumentos de productividad, reformas tributarias y laborales, y sistemas de cuidados para evitar mayor presión sobre salud y pensiones.
La región de América Latina y el Caribe inició un cambio demográfico que, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tendrá consecuencias económicas y sociales. A partir de 2026, la proporción de población en edad de trabajar comenzará a caer en términos relativos, lo que podría frenar el crecimiento regional y aumentar la presión sobre los sistemas de salud y pensiones.
Esta advertencia fue el eje del seminario internacional “Aging and Growing: Transforming Demographic Changes into Opportunities” (Envejecer y crecer: transformando los cambios demográficos en oportunidades), organizado por el BID. El encuentro reunió a líderes y especialistas que analizaron la economía plateada, la inclusión laboral femenina y la reforma de los sistemas de cuidados.
La jornada abrió con una exposición de Santiago Levy, exfuncionario del BID e investigador sénior en Brookings Institution, moderada por Ferdinando Regalia, gerente del Sector Social del BID. El panel incluyó a la exministra de Asuntos Sociales, Salud y Derechos de las Mujeres de Francia, Marisol Touraine; la directora de la Secretaría Nacional de Cuidados y exministra de Salud Pública de Uruguay, Susana Muñiz; la directora de Marketing de la fintech Silverguard, Laila Ballias; y el director de Palau Macaya y del Observatorio Fundación “la Caixa”, Josep Ollé.
La región envejece más rápido que las economías avanzadas
Levy comparó la velocidad del envejecimiento en distintas regiones. Señaló que a Estados Unidos le tomó 62 años pasar de 10% a 20% de población mayor de 65 años, mientras que Europa recorrió una senda similar en 65 años. En cambio, América Latina y el Caribe hará ese tránsito en la mitad de tiempo.
“El mensaje es: si bien ahora somos más jóvenes que Europa y Estados Unidos, vamos a envejecer mucho más rápidamente que ellos, y se trata de un proceso más rápido que Europa y Estados Unidos”, afirmó Levy. En el mapa regional, distinguió a Uruguay como uno de los países más envejecidos y a Paraguay como el más joven.
“Ingresamos en una nueva era, una era en la que menos gente tendrá que mantener a una proporción más elevada de la población”, planteó al describir la caída relativa de la población económicamente activa frente a menores de 18 años y mayores de 65.
El costo de sostener el statu quo presionará salud y pensiones
Levy ordenó los efectos del envejecimiento en tres frentes: crecimiento, salud y pensiones. Sobre el primero, señaló que el crecimiento regional en el pasado se apoyó en el aumento de la fuerza laboral, un impulso que ahora comenzará a desaparecer.
“Ese gris se va a achicar. ¿Por qué? Porque nos encontramos en el punto de inflexión. Si no incrementamos la productividad, el crecimiento ya mediocre de nuestra región se ralentizará aún más”, dijo. En salud, sostuvo que el encarecimiento no surge de un mayor gasto per cápita, sino de una población con más personas en edades donde la atención médica es más costosa. “Gastar lo mismo exigirá 2 puntos más del PIB. Eso no va a incrementar la calidad, solamente para mantener las cosas como están”, señaló.
La exministra francesa Marisol Touraine mencionó que en Francia proyectan que las necesidades y los gastos de salud crecerán un 4% anual en las próximas décadas y remarcó que la prevención es uno de los instrumentos con más capacidad de aliviar presión sobre el sistema.
Levy propuso una reforma tributaria y laboral para financiar el cambio
Cuando el moderador Ferdinando Regalia le preguntó cómo financiar esta transición, Levy descartó que pueda hacerse con la estructura actual. “No podemos si seguimos como hasta ahora”, respondió.
Sostuvo que, salvo Brasil y Argentina, la carga tributaria de América Latina está entre 5 y 7 puntos del PIB por debajo del promedio de la OCDE, lo que deja margen para aumentar la recaudación. Ató esa posibilidad a una condición política y estructural: combatir la informalidad, eliminar regímenes especiales ineficientes y ampliar la tributación efectiva.
“No lo vamos a lograr si seguimos con sistemas de protección social segmentados. No lo vamos a lograr si seguimos pensando que la informalidad es como la naturaleza”, afirmó. Agregó que solo el 30% de los trabajadores paga impuesto a la renta y solo el 20% de las empresas tributa por esa vía.
Para Levy, la dificultad no es solo técnica. “No ha habido el diálogo social que motive una reforma tributaria que sea simultáneamente equitativa y pro-productividad”, sostuvo. Cuestionó las respuestas graduales de corto alcance: “Los gobiernos hacen cositas así chiquitas, se gastan todo su capital político en el primer año de gobierno, logran medio punto del PIB y luego cinco años después, el siguiente gobierno”.
Los cuidados aparecieron como la llave para sumar empleo femenino
El sistema de cuidados fue otro eje del seminario. Levy lo presentó como una palanca doble: aliviar la presión social del envejecimiento y elevar la participación laboral femenina, sobre todo en los hogares de menores ingresos. Planteó que una red de cuidados para niños y adultos mayores permitiría incorporar más mujeres al mercado de trabajo, retrasar el deterioro de la relación entre activos e inactivos y ampliar la base de contribuyentes.
Touraine describió una lógica parecida en la experiencia francesa. Recordó que una de las decisiones más difíciles fue reformar las pensiones para que la gente se jubilara más tarde, pero destacó que otro pilar fue construir una política de cuidados vinculada al empleo femenino. “Nuestro mantra fue la inclusión laboral de las mujeres”, dijo.
La directora de la Secretaría Nacional de Cuidados de Uruguay, Susana Muñiz, dijo que el país quiere avanzar hacia un sistema universal de cuidados, pero identificó el financiamiento como “el principal problema”. En ese marco, señaló que el diálogo social abierto en Uruguay discute incluso la creación de un Fondo Nacional de Cuidados. “Hoy los gastos de bolsillo en las familias promedio son un salario entero”, afirmó al referirse al cuidado de dos niños o una persona mayor.
La economía plateada dejó de ser solo una agenda de gasto
El panel también abordó la dimensión de mercado del envejecimiento. Laila Ballias, directora de marketing de Silverguard, sostuvo que la región vive un cambio de comportamiento y de consumo entre las personas mayores de 50 años. Citó el caso de Brasil: en 2025, esa población consumía “casi más de USD 300.000 millones”, equivalentes al 45% del consumo nacional. “No es solo hablar de carencia, pero sí de potencia económica”, planteó.
Ballias enmarcó esa oportunidad en tres áreas: cuidados, trabajo y empleo, y finanzas plateadas. Desde su experiencia en una firma dedicada a fraudes digitales, afirmó que el envejecimiento también está abriendo mercados vinculados a la seguridad financiera y a la inclusión digital. Silverguard asistió gratuitamente a más de 300 mil brasileños y contribuyó a recuperar más de 30 millones de reales, equivalentes a unos USD 6 millones.
En esa discusión apareció otra tensión: el acceso digital. Ballias sostuvo que la mayoría de las personas mayores ya usa teléfonos inteligentes y redes sociales, pero advirtió que eso no resuelve por sí solo la seguridad en transacciones financieras ni la capacidad de usar servicios digitales más complejos.
Europa puso el foco en extender la vida laboral y personalizar las salidas
Touraine sostuvo que el envejecimiento obliga a revisar la forma en que las sociedades miran a las personas mayores y a abandonar la idea de que todos deben seguir la misma trayectoria. Dijo que en Francia la reforma más difícil fue retrasar la jubilación, porque una parte de la sociedad asocia el retiro con una conquista social.
Su defensa de esa reforma se apoyó en la personalización. “No vamos a decir que todo el mundo tiene que seguir la misma regla”, explicó, al señalar que no es equivalente haber trabajado toda la vida en la construcción o en una oficina. La exministra enumeró varios incentivos ya utilizados en Europa: aumentos en la jubilación para quienes se retiran más tarde, compatibilidad entre pensión y nuevo empleo, y esquemas de jubilación progresiva. “La sociedad no puede vivir solamente del trabajo de las personas entre los 25 y los 55 años”, afirmó.
También rechazó que la inteligencia artificial pueda sustituir la dimensión humana del cuidado. Dijo que la tecnología “va a revolucionar” los modos de atención, la salud y los hospitales, pero subrayó que la respuesta de fondo sigue siendo la profesionalización de cuidadores. “No se responde a los temas de soledad ni a la diversificación de las necesidades solo con robots”, señaló.
El cierre del panel volvió al tema del financiamiento. Ante una pregunta del público sobre las reformas más urgentes para aumentar la formalidad, Levy llevó el argumento al plano del contrato social. “Debemos de ya no tolerar una situación en donde la mitad de la población está excluida de las instituciones del Estado”, dijo. Extendió esa crítica al tejido productivo al señalar que el problema también alcanza al 80% de las empresas.
Su conclusión fue que la región normalizó una estructura que debilita cualquier intento de construir pensiones, salud y cuidados para una población que envejece más rápido. “Cuando dejemos de pensar que eso es normal y empecemos a exigir políticamente, es cuando vamos a empezar a arreglar el problema”, afirmó.
