La marea baja del Río de la Plata dejó al descubierto restos del muelle del Gran Hotel Pocitos, un emblemático balneario de la belle époque que marcó el lujo en América del Sur. El hotel, inaugurado a comienzos del siglo XX, fue demolido en 1935 tras sufrir dos temporales.
La marea del Río de la Plata baja en la costa montevideana, y en esos días la Playa de los Pocitos muestra algunos de sus tesoros ocultos: unos postes con bordes pulidos por las aguas que emergen entre las aguas. Los turistas notan lo que los locales conocen desde que, en 2011 y 2015, obras de la comuna en el río encontraron estos postes de 1,70 metros, restos de la base del muelle del Gran Hotel Pocitos. Esas pilastras sirvieron de base para que, con tecnología digital y el trabajo del arquitecto Daniel Thul, se reconstruyera cómo fue aquel hotel que marcó un período de lujo para América del Sur, donde la élite local y argentina pisaba la arena.
En 1911, un cronista estadounidense que visitó Montevideo escribió: “Nuestro recorrido culminó en el Hotel Pocitos, junto a la playa de baños del mismo nombre, donde disfrutamos de un delicioso almuerzo al estilo francés. ¡Qué sopa tan sabrosa, qué huevos fritos tan etéreos, qué exquisita langosta con mayonesa servida en platos individuales, qué suflé como postre, qué duraznos perfectos, qué vino clarete local tan especiado! Todo resultó muy reconfortante, y nuestro viaje de regreso fue sumamente satisfactorio”, según el historiador Daniel Balmaceda.
La historia del balneario comenzó en 1882, cuando se inició la construcción del primer hotel sobre el mar en la Playa de los Pocitos. Un incendio en 1892 lo destruyó totalmente. A comienzos del siglo XX, la compañía eléctrica, que había reemplazado los tranvías tirados por caballos por unidades eléctricas, impulsó la construcción del Gran Hotel Pocitos bajo el proyecto del arquitecto inglés John Adams. El hotel se consolidó en 1912, con un comedor de 900 metros cuadrados, 80 mesas y una terraza techada que sumaba 70 mesas más, de estilo académico francés.
El presidente de Uruguay desde 1907, Claudio William, y otras figuras políticas y sociales frecuentaban el hotel. El historiador Daniel Balmaceda señaló que Roque Sáenz Peña fue huésped del hotel en 1909, cuando era canciller. También mencionó que la terraza del hotel se internaba 100 metros en el mar y por las noches se realizaban conciertos, por lo que “estabas prácticamente bailando sobre el agua”.
En los años 30, se realizaban excursiones en automóviles desde Argentina: “Cruzaban los autos el día anterior a Colonia, y al día siguiente cruzaban todos los excursionistas, los esperaban los autos en Colonia, y de ahí se iban a pasear por Montevideo, y el lugar donde paraban era el Hotel de los Pocitos”, afirmó Balmaceda. Entre los visitantes se encontraban los Monsegur, Florencio Martínez de Hoz, Bullrich, Macoco Alzaga Unzué, Horacio Peralta Ramos, Emilio R. Casares, Pedro Weil y otros. También se registraron visitas de Julio Argentino Roca y del General Bartolomé Mitre.
En febrero de 1913, estalló una bomba en el hotel, según la publicación Anarquía. El hecho fue atribuido a un conflicto laboral: el gremio de mozos se declaró en huelga y la patronal respondió con despidos y contratación de rompehuelgas. Se produjeron detenciones de huelguistas y anarquistas.
El 10 de julio de 1923, un fuerte temporal con vientos huracanados de alrededor de 150 km/h y olas de 3,30 metros destruyó el muelle y parte de la terraza sobre el mar. En 1935, otro temporal azotó la construcción, por lo que se decidió demolerla. Para entonces, Punta del Este estaba en su apogeo y el Hotel Carrasco había abierto en 1921.
La Rambla de Pocitos, que actualmente cuenta con 22 kilómetros, se benefició de la zona. El trazado curvo de la Rambla República del Perú sigue el diseño de los paseos marítimos franceses. En la actualidad, el único hotel 5 estrellas en ese lugar, el Hotel Costanero, abrió en 2021. Su gerente, Francisco Lorente, afirmó: “El lujo hoy no es solo tener grandes instalaciones, sino mantener las experiencias como un valor diferencial”.
En las calles internas del barrio se conservan residencias de estilo ecléctico y francés. La Plaza Gomensoro es un testimonio de la época, con balaustradas blancas, pérgolas y bancos orientados al agua. La rambla es utilizada para correr, caminar y ver atardeceres, según relató Irene, una argentina residente en Uruguay desde hace 19 años. El bartender Alexis González, del Bar Cauce, destacó la experiencia personalizada que ofrece.
