La Fundación Patagonia Rural Sustentable presentó en Río Gallegos un fondo rotativo para recuperar establecimientos rurales en Santa Cruz. El esquema no utiliza créditos ni subsidios tradicionales.
EL CALAFATE.- Un modelo de Fondo Rotativo pensado para diez años busca recuperar establecimientos rurales de Santa Cruz con un esquema que se aparta del crédito y el subsidio tradicional. La iniciativa pertenece a la Fundación Patagonia Rural Sustentable (FPRS) y fue presentada en Río Gallegos ante productores y gente de campo. El objetivo es revertir la despoblación de las zonas rurales.
“La fundación se crea para generar capital de trabajo, para recuperar y repoblar la provincia de Santa Cruz y si somos ambiciosos, la Patagonia”, explicó el productor Sandro Heinze, dueño de la estancia familiar Los Toldos –entre San Julián y Puerto Deseado– y uno de los promotores del Fondo Rotativo.
El principio empresarial del fondo apunta a convertir recursos de capitalización en activos productivos recuperables: animales, infraestructura, agua, forraje, insumos, equipamiento y capital de trabajo. Esos recursos generan producción e ingresos; una parte acordada retorna al fondo que será administrado por la Fundación para que, a su vez, vuelva a financiar nuevos proyectos.
“Ni créditos ni subsidios. Lo que será es un fondo que se le va a entregar a los productores para que empiecen a repoblar los campos, tanto para vientres, alambrados o instalaciones. El productor va a devolver el dinero que se le prestó, en formas y plazos acordados, y eso permitirá asistir a otros ganaderos, bajo el mismo esquema”, detalló Heinze, quien intenta recuperar el campo heredado de su familia, que a principios de los 90 –entre las cenizas del volcán Hudson y un crudo invierno posterior– perdió todo el ganado.
La FPRS busca demostrar que producción, conservación, ciencia y desarrollo social pueden reforzarse mutuamente, con un plan que prevé reinstalar al menos 150 familias rurales en tres años y diversificar la economía mediante ganadería regenerativa, turismo, energías renovables y economía del conocimiento, entre otras líneas. El mecanismo se apoya en la devolución de capital biológico. “Es una cadena de valores. Por ejemplo, si a un productor se le entregan 500 ovejas, deberá devolver las 500 ovejas con un tiempo de gracia, y esas ovejas van a ser entregadas a otros ganaderos”, ejemplificó Heinze.
Según el documento de la FPRS al que accedió este medio, el Banco de Capital Biológico o Banco de Vientres es un instrumento rotativo: los animales entregados producen nuevas hembras y reproductores que después se transfieren a otros establecimientos, con registro de nacimientos, bajas, reposiciones y devoluciones.
Sobre el financiamiento, Heinze sostuvo: “El dinero está, va a salir de los bonos de carbono o del BID, de algún lado va a salir el dinero porque las empresas petroleras necesitan blanquear sus desastres ambientales”. La selección de campos será estricta en la primera etapa. “En un primer momento se elegirán campos que estén en condiciones de producir; todo lo haremos con auditorías y midiendo resultados; si no medimos resultados, no sabemos cómo va el avance, parámetros, porcentajes de señalada, ver qué seguimiento le hacen, medir resultados y hacer auditorías. El objetivo es ser líder en venta de carnes y lanas”, sostuvo.
El documento organiza a los productores en cinco segmentos: consolidado, en recuperación, nuevo, estratégico y de emergencia. Las líneas de financiamiento incluyen el programa Volver al Campo, agua y forraje, infraestructura rural, capital de trabajo, agregado de valor y una Escuela Rural Viva de capacitación.
El texto fija reglas para preservar el capital: no colocar todo el capital, mantener reservas de liquidez y contingencia, limitar la concentración por productor y región, no financiar sin proyecto ni contrato, y reinvertir las recuperaciones. La estructura jurídica del fondo —patrimonial, fideicomiso u otra figura— queda pendiente de definición.
El cronograma del fondo contempla la constitución y los primeros pilotos en 2027, la ampliación de cartera y el Banco de Vientres en 2028, escalamiento territorial en 2029, expansión de agua, forraje e infraestructura en 2030, y una auditoría de diez años en 2037, con recapitalización y diseño del ciclo siguiente.
“Lo que estamos creando es un brazo para generar más posibilidades para los productores, las sociedades rurales, para llegar a organismos internacionales, buscar préstamos. De ninguna manera es meterse en la labor de las organizaciones existentes, al contrario queremos trabajar en conjunto y brindar más posibilidades utilizando métodos e instrumentos financieros que antes no existían”, detalló Rafael Martínez de Sanzo, presidente de la Fundación, quien hace treinta años compró junto a su hermano dos campos en el noroeste provincial: El Delfín y Sierra Andía.
Con los años fue testigo del despoblamiento y la tenacidad de los productores. Por su impulso, junto a otros productores, nació la Fundación, que se reunió en los últimos días con el gobernador Claudio Vidal y el Consejo Agrario Provincial (CAP). “Nos dieron apoyo y el gobernador nos pidió proyectos concretos, nosotros le pedimos el aval de la provincia para buscar esos financiamientos a nivel internacional y llevar adelante los proyectos que tenemos”, detalló.
La Fundación se presentó el jueves último en el Teatro Gran Cabral de Río Gallegos, donde el biólogo Stuart Chacho Blake expuso “Guanacos en Santa Cruz: ¿estamos a tiempo?”, sobre la difícil convivencia entre el sector productivo y la fauna autóctona.
“Santa Cruz tiene mucho potencial no utilizado, campos abandonados, manejo orgánico no reconocido, el aire más limpio del mundo, tecnología que no se está explotando, falta de conocimiento y falta de capital; por eso lo que trae la Fundación es una mirada más abarcativa de cómo se puede utilizar la Patagonia más plenamente y cómo hacerlo de forma sustentable, evitando el conservacionismo extremo, que se ha normalizado en Santa Cruz y ahora Chubut”, afirmó.
El bisabuelo de Blake llegó de Inglaterra a Malvinas y luego a la Patagonia en 1893, donde fundó la estancia Coronel, en Puerto San Julián; su padre administró después la estancia Cóndor (1961-1995) y compró lo que hoy es Kilik Aike Norte, cerca de Río Gallegos.
Blake sostuvo que el productor busca conservar su pasto, su único recurso, y que en otros países esa función de sostener especies autóctonas corresponde a los parques y reservas, no a los productores. Señaló que en Santa Cruz se normalizó que el productor done su pasto al guanaco, lo que derivó en una proliferación exponencial y de difícil control.
Un testimonio de esto es Sharon Bárcena, de una familia de productores pioneros -su bisabuelo John Rudd llegó de Malvinas a fines del siglo XIX-, que continúa con el campo familiar, en Cerro Falso, a 130 kilómetros de Río Gallegos. “Hoy tengo todos los campos a mi alrededor vacíos de ovejas, el puma, el zorro, el guanaco y un Parque Nacional muy cerca”, detalló a este medio. Explicó que en los últimos cinco años los pumas pasaron de no verse a merodear la casa principal del campo.
Bárcena asegura que se sumó a la Fundación porque es una entidad sin fines de lucro, con continuidad y funcionamiento transparente y porque le devuelve la esperanza de que los campos santacruceños vuelvan a renacer.
