El Poder Ejecutivo Nacional oficializó mediante el Decreto 56/2026 la denominación del año 2026 como ‘Año de la Grandeza Argentina’. La norma dispone que toda la documentación oficial de la Administración Pública Nacional lleve esa leyenda.
El Decreto 56/2026, firmado por el presidente Javier Milei y el jefe de Gabinete Manuel Adorni, establece en su artículo primero la declaración del año 2026 como ‘Año de la Grandeza Argentina’. El artículo segundo dispone que toda la documentación oficial de la Administración Pública Nacional, centralizada y descentralizada, y de sus entes autárquicos, deberá llevar esa leyenda en el encabezamiento.
La medida fue publicada en el Boletín Oficial y establece que los documentos oficiales incluirán la frase junto al escudo nacional, la denominación ‘República Argentina’ y ‘Poder Ejecutivo Nacional’.
Contexto histórico y estético
El historiador del arte francés André Chastel, especialista en el Renacimiento italiano y en la relación entre poder, arquitectura y cultura política, analizó en su obra Le Sac de Rome, 1527 las consecuencias culturales y artísticas del saqueo de Roma por las tropas de Carlos V. Según Chastel, ese acontecimiento dio origen al Manierismo y luego al Barroco, y sostuvo que el trauma no produce mecánicamente una estética, pero introduce una fractura en la experiencia histórica que el arte debe elaborar.
Chastel interpretó el saqueo como una hecatombe en un triple sentido: la realización de una pesadilla, la consumación de una adversidad material y la aparición de una situación cuya absurdidad resulta difícil de asumir. Para el historiador, lo decisivo es que el saqueo no termina cuando termina el saqueo: Roma queda depredada, pero obligada a producir interpretaciones, a convertir el estrago en imagen y en memoria.
El gobernante contemporáneo y la estética política
De acuerdo con el análisis de Chastel, el gobernante contemporáneo trabaja de manera semejante al barroco: su cuerpo es un dispositivo político que incluye vestimenta, voz, gestos, silencios, apariciones públicas y modos de confrontación. El exceso de imágenes, declaraciones, enemigos e indignación cumple la función de ocupar el campo perceptivo. El gobernante barroco no es solamente un administrador, sino un personaje con una misión, una caída que superar y una redención que prometer.
El texto de Chastel señala que Javier Milei es uno de los casos más evidentes de esta estética política, que incorporó elementos de la cultura rock, la provocación y la performance. Menciona que en 2025 presentó su libro combinando discurso político y espectáculo musical, ingresando al escenario cantando frente a sus seguidores. También se refiere a Donald Trump, quien en su segundo mandato mantiene una obsesión explícita con el legado y los símbolos físicos, y quiere ser simultáneamente presidente y monumento.
El análisis plantea que la pandemia en Occidente como acontecimiento de ruptura, y la revolución digital como la forma que emerge de ese desmoronamiento, hicieron visible una mutación: el mundo debía continuar sin mundo. La cuestión que surge es qué ocurre cuando una comunidad recibe desde el poder una retórica de fastuosidad que se alimenta de un naufragio buscado de modo constante para que lo enorme siga construyendo el teatro épico de quien gobierna.
El grotesco monumental sería el momento en que el poder necesita representarse con tanta intensidad que produce una silueta desproporcionada de sí mismo. En Roma el exceso barroco no destruía necesariamente el orden; podía ser el instrumento con que el mandato se hacía visible. Hoy, lo solemne y lo estrafalario dejan de ser opuestos y se inscriben en actos que proclaman la magnitud sobre un pedestal que encubre siempre una ominosa fragilidad.
