Una pareja de entre 40 y 50 años relata cómo, tras cinco años de práctica, conciben el intercambio de parejas como una actividad física y consensuada, regida por reglas claras y desarrollada en espacios específicos.
Ayelén (46) y Alejandro (50) son una pareja argentina que, tras casi dos décadas de relación, decidieron explorar el mundo swinger hace cinco años. La iniciativa partió de ella, quien buscaba una experiencia distinta a su matrimonio anterior, más tradicional. «Yo venía de un matrimonio básico, tranquilo. Al principio quería una relación más abierta», explicó Ayelén en un diálogo con Clarín.
Alejandro reconoció que la propuesta inicial lo sorprendió, pero tras un mes de consideración, acordaron asistir por primera vez a un club swinger. Aquella experiencia debut no fue exactamente como la imaginaban. «Una cosa es lo que yo tenía en mente y otra cosa es verlo ahí en directo», admitió Ayelén, quien recordó que, al ver a su marido besar a otra mujer, los separó de inmediato. Sin embargo, destacó que la actitud de contención de Alejandro esa noche la alentó a continuar.
Horas después, concretaron el primer intercambio. «Fue raro. La pasamos bien, pero después en la vuelta a casa hablamos mucho de cómo nos sentimos», rememoró. Desde entonces, han participado en diversas modalidades: en clubes, fiestas privadas y tríos.
Ambos enfatizan que su práctica se rige por reglas claras. Una premisa fundamental es que solo se trata de una actividad física, sin involucramiento emocional. «No se mezclan los sentimientos. Es pasarlo lindo, disfrutar ese momento», afirmó Ayelén. Otra regla es que siempre asisten juntos y permanecen en el mismo espacio durante los encuentros. «Es también una manera de cuidarnos», señaló. Además, al regresar a casa, mantienen relaciones sexuales entre ellos.
Alejandro explicó que una de las cosas que más le atrae es ver a su pareja disfrutar. «Me excita mucho más. Es sólo una cuestión sexual y de disfrutar ese momento», dijo. Por su parte, Ayelén descubrió dentro de este ambiente su atracción bisexual, algo que, según relató, le gusta.
La pareja también aclaró que delimitan estrictamente este aspecto de su vida. Solo lo practican en espacios específicos y con personas del mismo ambiente, evitando completamente involucrar a vecinos, conocidos del gimnasio o cualquier persona de su círculo cotidiano. «Con ellos no, porque para bien o para mal, se pueden confundir», concluyó Ayelén.
