La producción del Royal Ballet de Londres, con coreografía de Christopher Wheeldon y música de Joby Talbot, se estrena en el Teatro Colón de Buenos Aires en una versión realizada junto al Ballet Estable.
La producción del ballet «Alicia en el País de las Maravillas» del coreógrafo Christopher Wheeldon y el compositor Joby Talbot se presenta en el Teatro Colón de Buenos Aires. La obra, estrenada originalmente por el Royal Ballet de Londres, llega a la Argentina en una versión realizada junto al Ballet Estable.
Según informaron los responsables de la producción, la puesta en escena incluye una gran orquesta, escenografía monumental, recursos audiovisuales, múltiples cambios de escena y una coreografía de alta exigencia técnica para los intérpretes.
Durante la presentación de la producción, Wheeldon declaró: «Esta producción llega íntegramente desde una coproducción entre Suecia y Dinamarca. Con el paso de los años fuimos realizando pequeños ajustes. Cuando estrenamos Alice originalmente tenía una estructura diferente; con el tiempo hicimos algunas modificaciones y pequeños recortes para que el espectáculo fluyera mejor».
Wheeldon agregó: «En esta versión redujimos ligeramente la duración e hicimos algunos cambios pensando también en el público. Sin embargo, el verdadero desafío no estuvo allí, sino en trasladar una producción de este tamaño hasta Buenos Aires. Había que conseguir que todos los elementos llegaran en buenas condiciones después de un viaje tan largo».
En cuanto a la adaptación del elenco local, Wheeldon afirmó: «El elenco del Teatro Colón se adaptó muy bien al lenguaje de la obra. Ahora estamos realizando los últimos ajustes para que todo fluya de la mejor manera posible durante las funciones».
El compositor Joby Talbot sostuvo: «Para mí fue impactante entrar por primera vez al auditorio. Es un teatro de una belleza extraordinaria, pero la verdadera emoción llega cuando la orquesta empieza a tocar. La acústica de esta sala es excepcional. Sinceramente, está a la altura de cualquiera de los grandes teatros del mundo donde tuve la oportunidad de trabajar».
Talbot explicó que cada personaje de la obra tiene su propia identidad musical. «Cuando comenzamos a hablar sobre cómo transformar esta historia tan extraordinaria en un espectáculo de larga duración, llegamos muy rápido a una conclusión: necesitábamos un hilo conductor», indicó. «Porque el libro de Lewis Carroll, por maravilloso que sea, está construido como una sucesión de episodios. Alicia conoce al Gato de Cheshire, después ocurre otra cosa, luego aparece otro personaje. No existe una narración continua».
Talbot añadió que la historia entre Alicia y la Sota de Corazones proporcionó un recorrido emocional que atraviesa toda la obra. «Cada uno de ellos posee una identidad musical muy marcada, que acompaña la enorme riqueza visual con la que aparecen en escena», señaló. «Para mí, uno de los personajes más interesantes es la Reina de Corazones. En nuestra versión, ella comienza siendo la madre de Alicia en el mundo real y luego se transforma en esa Reina de Corazones completamente desbordada, casi psicótica. Su tema musical está construido sobre un tango. Por eso estar ahora en Buenos Aires tiene algo muy especial. De alguna manera, siento que ese personaje vuelve a su lugar de origen».
Wheeldon, por su parte, se refirió al lenguaje visual de la obra: «Cuando empezamos a trabajar con Bob Crowley, que es un extraordinario escenógrafo británico, queríamos encontrar una identidad visual que respetara el universo victoriano de Lewis Carroll, pero que al mismo tiempo se sintiera contemporánea, fresca y llena de color».
Consultado sobre su vínculo personal con la obra de Lewis Carroll, Wheeldon respondió: «Para mí hay dos vínculos muy fuertes con Alicia en el País de las Maravillas. El primero tiene que ver con mi familia. En mi casa había una primera edición del libro. Era un verdadero tesoro familiar. No estaba exhibida en una biblioteca; permanecía guardada, protegida». «El segundo recuerdo es mucho más personal», continuó. «Cuando era niño tenía miedo a la oscuridad. Para poder dormirme escuchaba grabaciones en cassette de distintos libros. Durante dos o tres años, prácticamente todas las noches, escuché Alicia en el País de las Maravillas antes de dormir».
Wheeldon concluyó: «Cuando apareció la posibilidad de crear un ballet de larga duración, uno de los mayores desafíos fue justamente su estructura episódica. La novela está llena de juegos de palabras, acertijos, problemas matemáticos y escenas independientes que funcionan muy bien en la literatura, pero que no necesariamente construyen un arco dramático para el escenario». «Al mismo tiempo, esa estructura también nos daba una enorme libertad. Cada episodio nos permitía explorar un lenguaje distinto, un personaje distinto, una energía diferente», afirmó. «La pequeña historia entre Alicia y la Sota de Corazones —que en realidad no es todavía una verdadera historia de amor, sino el descubrimiento de ese sentimiento— nos permitió unir todos esos episodios y construir una narración continua sin perder el espíritu del libro».
