Un equipo internacional de astrónomos detectó un sistema planetario en la Vía Láctea que alberga un objeto de masa similar a Júpiter orbitando una enana marrón, lo que constituye la evidencia más sólida hasta la fecha de un satélite natural fuera del sistema solar.
Un equipo internacional de astrónomos descubrió un sistema planetario en la Vía Láctea, denominado CD-35 2722, cuya estructura no se asemeja a la del sistema solar y desafía las categorías utilizadas para diferenciar estrellas, planetas y lunas. El hallazgo fue realizado mediante el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en Chile, y publicado este miércoles en la revista científica Nature.
El sistema está compuesto por una enana roja alrededor de la cual orbita una enana marrón, un cuerpo demasiado grande para ser considerado un planeta pero que no posee la masa suficiente para convertirse en una estrella. La sorpresa apareció al comprobar que esa enana marrón también tiene un objeto en órbita: se trata de un mundo gaseoso con una masa equivalente, como mínimo, al 90% de la de Júpiter, pero que ocupa el lugar que normalmente correspondería a una luna.
La particular configuración del sistema abrió un debate entre los científicos sobre cómo denominar al objeto descubierto. Si se tomara como referencia el sistema solar, debería ser considerado una exoluna, debido a que orbita un cuerpo que, a su vez, gira alrededor de una estrella. Sin embargo, no se parece a ninguna de las lunas conocidas: tiene una composición gaseosa, una masa semejante a la de Júpiter y no orbita un planeta, sino una enana marrón. Por ese motivo, los investigadores optaron provisionalmente por definirlo como un “exosatélite”.
“El exosatélite es claramente lo suficientemente masivo como para ser un planeta, pero no orbita una estrella”, explicó Kevin Hoy, autor principal del estudio e investigador de la Universidad Diego Portales y del Observatorio Europeo Austral.
Aunque todavía no existe una definición científica formal de exoluna, los investigadores consideran que el descubrimiento representa la evidencia más sólida encontrada hasta ahora de un satélite natural fuera del sistema solar. Hasta el momento se identificaron algunos candidatos, pero ninguno pudo ser confirmado de manera concluyente.
Los astrónomos utilizaron el instrumento CRIRES+, instalado en el VLT, para estudiar la luz procedente de la enana marrón CD-35 2722 B. Mediante el método de velocidad radial, detectaron pequeñas oscilaciones provocadas por la atracción gravitatoria del objeto que gira a su alrededor. Es la primera vez que esta técnica, utilizada para descubrir el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol, aporta evidencias de un satélite alrededor de una enana marrón.
El exosatélite completa una vuelta cada 170 días alrededor de la enana marrón, que posee más de 30 veces la masa de Júpiter y todavía conserva parte del calor generado durante su formación. El objeto orbita a una distancia equivalente a cerca de una quinta parte de la separación entre la Tierra y el Sol, dentro de un sistema ubicado a unos 71 años luz de nuestro planeta.
Los investigadores todavía intentan determinar cómo surgió una estructura tan inusual. Una de las hipótesis sostiene que el objeto se formó a partir del disco de gas y polvo que rodeaba a la enana marrón, mediante un proceso similar al que da origen a los planetas alrededor de las estrellas. Otra posibilidad es que se haya formado de manera independiente y luego fuera capturado por la gravedad de la enana marrón. Los científicos tampoco descartan que el sistema haya atravesado una evolución dinámica caótica hasta alcanzar su configuración actual.
