El presidente Javier Milei vuelve a la actividad oficial tras una semana sin eventos, en un contexto de creciente preocupación en el Gobierno por las diferencias entre sectores internos, que quedaron expuestas públicamente durante el fin de semana.
Lo que hasta hace poco se manejaba puertas adentro, con algunas filtraciones aisladas, este fin de semana quedó al descubierto cuando el asesor presidencial Santiago Caputo acusó al entorno del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, de manejar una cuenta anónima en X que publicó críticas al presidente Javier Milei. La exposición de estas diferencias genera inquietud en el Gabinete, donde varios funcionarios piden la intervención del mandatario para ordenar la situación.
Casi ajeno a los pedidos, Milei se prepara para retomar su agenda pública. Este lunes, desde las 9, brindará una charla económica en una importante universidad privada, acompañado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. El martes, a las 11.30, disertará sobre inserción laboral, macroeconomía y potencial productivo en un evento organizado por la Bolsa de Valores en el MALBA.
“Aunque es más de la micro, el quilombo hace ruido. Es todo muy difícil. Javier no interviene y es el único que puede ordenarlo definitivamente”, comentó una fuente oficialista. La postura es compartida en reserva por varios miembros del Poder Ejecutivo, que advierten que las diferencias entre Caputo y los primos Menem, alineados con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se profundizan día a día.
El domingo, después de una intensa actividad en X, Martín Menem envió un mensaje a su bloque para explicar el episodio y se distanció de la cuenta @PeriodistaRufus, que le adjudicaban. “Es una canallada de algún mala leche. Canallada sofisticada por cierto. Mucho cálculo”, señaló. Sin embargo, la explicación no convenció a todos. “Menem dio una explicación ridícula”, opinó un legislador ajeno a los sectores en pugna, aunque reconoció que la visibilidad de las fracturas internas perjudica a la administración.
Hasta el momento, el presidente se ha mantenido al margen del conflicto. En Casa Rosada anticipan que no habrá grandes cambios y que, como en episodios anteriores, la polémica no escalará. “No va a pasar nada, todos fingirán demencia”, vaticinó un colaborador. La incógnita es cuánto tiempo más podrá contenerse una interna que ya dejó de ser subterránea.
